Los Barretiempo

LOS BARRETIEMPO

Ursula Wills-Jones

Versión al castellano:

Irvin Ríos Gracia



Quizás no estés familiarizado con los barretiempo. Los barretiempo son aquellas personas que barren todo el tiempo perdido y desperdiciado. No puedes verlos, aunque si estás en la estación del tren, y crees haber visto algo con el rabillo del ojo, probablemente sea un barre-tiempo aseando alrededor del banco en el que estás sentado. Si pudieras verlos, encontrarías una personita azulada, con una expresión alerta, empuñando una escoba y un trapeador. Los hombres visten overoles, las mujeres cursis faldas pasadas de moda y pañoletas en sus cabezas.

Los barretiempo siempre acuden donde el tiempo se esté perdiendo o desperdiciando. Hay muchos en las estaciones del tren, y por lo menos uno en cada consultorio médico. El hombre que ha esperado tanto para plantearle a su mujer que el cabello se la ha puesto gris, probablemente tenga su propio barrendero personal siguiéndolo por doquier. La mujer que ha desperdiciado treintaicinco detestables años en una inmobiliaria, soñando con abrir una floristería, hace quejar a los barretiempo del vecindario e ir por un gran recogedor.

No sientas pena por los barretiempo, aunque su trabajo sea servil, nunca se enferman; ni te lamentes porque tengan un oficio desafortunado, cuentan con excelentes condiciones de trabajo, aunque lo que hagan en su tiempo libre se desconozca. Les encantan los feriados, es por eso en estos días parece haber más tiempo de lo usual. En navidad y año nuevo, los barretiempo tienen una semana de vacaciones. En enero, cuando vuelven al trabajo, encuentran un enorme atraso del tiempo que se ha perdido, desperdiciado o malgastado durante las festividades. Les lleva como tres semanas retomar el servicio normal, razón por la cual enero siempre parece durar más que los otros meses.

Los barretiempo han existido desde siempre, aunque la vida moderna haya producido desperdicio de tiempo en concentraciones tan grandes que en algunos lugares se han visto obligados a industrializar sus operaciones, comprando una cantidad de camiones compresores similares a aquellos que utilizan los hombres de la basura. Estos camiones se utilizan para las más grandes acumulaciones, en prisiones y centros comerciales, dos espacios donde la marea del tiempo desperdiciado amenaza con inundar incluso a los operarios más dedicados.

Si se le preguntara a un barretiempo, respondería algo sorprendente: el tiempo que se goza nunca es tiempo desperdiciado. Mientras limpia en una gran oficina colmada de un tedio asombroso, el barretiempo pasará por alto el escritorio de la mujer que lee por debajo un catálogo de vacaciones, contemplando minuciosamente fotos de playas tropicales. Seguirá por el siguiente escritorio, donde un hombre está entretenido preguntándose cómo se verá su suegra desnuda, y se detendrá en el escritorio de un joven que cuenta cada minuto, y detesta las horas.

Te preguntarás qué pasa con el tiempo desperdiciado después de que ya todo está limpio. No temas, los barretiempo son unos recicladores empedernidos. Lo recogen y lo empacan en grandes contenedores, lo trasladan a los muelles de Liverpool, lo embarcan y lo envían a la India. Allá, en una polvorienta zona industrial, en algún lugar cerca de Bombay, se limpia, se separa y clasifica. El tiempo más tóxico y venenoso -restos de fallidas negociaciones de paz, encarcelamientos injustos, y matrimonios sumamente venenosos- se purifica y se entierra en un tanque debajo de una base militar abandonada. Allí, pasarán dos o tres siglos de descomposición hasta que vuelva a ser inofensivo.

El resto del tiempo -compuesto por situaciones tales como reuniones aburridas, citas perdidas, buses demorados, malas noches en el teatro- se limpia y embarca rumbo a la zona franca industrial de exportaciones de Cantón; Aquí se comprime y se almacena a la espera de una redistribución. Alrededor del veinte por ciento va directo a las fábricas de la zona industrial de exportaciones, la cual tiene la más alta tasa de producción del mundo.

El diez por ciento del material más concentrado se vende a laboratorios criogénicos en California. Otro veinte por ciento o más se vende discretamente a una variedad de clientes privados, viejos en su mayoría, hombres ricos que se han casado con jóvenes hermosas.

Sin embargo, los barretiempo no están en esto por dinero. Los fondos de estos negocios pagan sus operaciones, incluyendo plumeros, bolsas de basura, overoles y envíos. El resto del tiempo se distribuye a causas de beneficencia. La personas que adquieren tiempo extra no tienen que llenar formularios ni pedir garantía, son bastante inconscientes de la asistencia que reciben. Uno de estos beneficiarios es un andrajoso y muy cansado científico en un ruinoso laboratorio en las afueras de Novosibirsk, quien será el hombre que encuentre la vacuna contra la malaria. Otra es una prostituta en el barrio bajo de Nairobi, quien ha criado diecisiete hijos y quien, a pesar de sus veinte años en el negocio, nunca se ha enfermado. El tercero es un hindú, chofer de taxi, en un estrecho apartamento en Toronto, quien, mientras envía dinero a casa para su esposa enferma y sus hijos, escribe lo que más tarde se conocerá como la novela más grandiosa del siglo.

No toda la generosidad de los barretiempo se destina a personas. A unos sesentaicinco kilómetros de las afueras de Tombuctú, una mezquita medieval enterrada bajo la arena recibe una entrega cada década o más. En algún lugar debajo del lecho del Mar Egeo se encuentra una galera troyana milagrosamente preservada en el lodo. De igual forma, los barretiempo regalan un poco de tiempo extra a un templo en México, y preservan un botín del tesoro de la edad oscura en un pantano de Galway.

Una cierta cantidad de tiempo de caridad se reserva para situaciones de emergencia, pequeñas y grandes. Se lanza en paracaídas en momentos desesperados, y ha facilitado acuerdos de paz, ha cambiado batallas y ha permitido llegar a tiempo a padres a las salas de parto.

Los barretiempo son una tipo de gente limpia y ordenada por naturaleza. Desean que los seres humanos pensaran más en tirar esta valiosa comodidad, sin embargo no esperan que suceda alguna vez.

No hay moraleja en esta historia, sólo que si planeas desperdiciar tu tiempo, por favor recuerda, alguien tiene que recogerlo.

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